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31/05/2012 by Rocío de Juan Deja un comentario

Consejos para escribir un buen relato, Juan Carlos Onetti

No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
No olviden la frase, justamente famosa: dos más dos son cuatro; pero ¿y si fueran cinco?
No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.
Mientan siempre.
No olviden que Hemingway escribió: «Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer.»

Fuente: Sinjania

Publicado en: ALQUIMISTAS, CONSEJOS DE ALQUIMIA

10/05/2012 by Rocío de Juan Deja un comentario

Conflicto narrativo, Guillermo Samperio

Todo cuento incluye un conflicto entre dos fuerzas que se oponen. El cuento tradicional tenía cuatro partes: principio, desarrollo (donde se veía el conflicto), climax y final. En este caso, Chéjov gestó el concepto de suspense que se despliega en la parte del desarrollo; consiste, en general, en que el lector no adivine lo que va venir en cada paso del desarrollo y quede suspendido a lo que el cuentista decida no mostrarle. A este tipo de cuento es al que en la actualidad se le refiere como lineal.El cuento moderno, el inaugurado por Nathaniel Hawthorne y Edgar Allan Poe, comienza ya con el conflicto desarrollado y durante la narración se va descubriendo en qué consiste tal conflicto. En los cuentos de Poe, desde el principio sabemos que hay una historia visible y una historia oculta; el lector espera todo el cuento para conocer la historia oculta, donde está la base del conflicto. Es decir: el lector espera el desenlace a través de una narración tensa, misteriosa.

Guillermo Samperio, “Cómo se escribe un cuento», 2008

Publicado en: ALQUIMISTAS, CONSEJOS DE ALQUIMIA

07/05/2012 by Rocío de Juan Deja un comentario

¿Corrección o premura?, Gonzalo Calcedo

No tiene desperdicio esta reflexión de este gran autor español de relato breve, en esa eterna batalla por conseguir la perfección del relato sin perder la fuerza de la idea primigenia:


Supongo que hay tantos métodos como escritores, aunque en un taller de escritura traten de inculcarse parámetros, cánones, decálogos o manifiestos. Todo sirve, siempre que la indagación personal predomine. Yo soy un tanto esclavo de mis principios, de la insensatez literaria de querer tener algo terminado entre las manos cuanto antes. Esa premura que caracteriza al escritor novel. De todos modos considero inoportuno enfrascarse en una corrección eterna de un texto de seis o siete páginas. Podrá perfeccionarse hasta el límite, pero al tiempo que lo pules le vas arrebatando ese hálito que solo alcanzan unos pocos cuentos. El azar de nuevo. Quizás por eso escribo muchos cuentos, aunque al final sacrificas la mayoría y son contados los elegidos para formar un libro. Conozca a escritores cuyo método es exactamente el contrario y lo respeto: deciden escribir un cuento, lo inician y poco a poco avanzan, van sumando palabras, frases, párrafos, hasta obtenerlo. Para mí, insisto, el arrebato, la suerte, son uno de los acicates a la hora de escribir relatos. Si el cuento, y en eso acabamos coincidiendo todos, tiene algo que ver con la poesía, ¿Dónde dejamos la inspiración del momento?
Quizá por eso mis cuentos preferidos sean los más fotográficos y escénicos, no los más desarrollados. Transcurren en tiempo real, pero un tiempo real cinematográfico, que truca la realidad. […] Carecen de final propiamente dicho, o lo tienen, pero rebajado. No hay grandes finales en cuanto sucede diariamente a nuestro alrededor. Para mí el cuento no es una adivinanza, una serie de recovecos verbales más o menos llamativos que conducen a un desenlace. Siempre he pensado que lo peor que se puede decir de un autor de cuentos es que es ingenioso. Los cuentos que he citado […], surgieron de situaciones nimias, de fogonazos de luz, de la sonoridad de una palabra. Están escritos con total continuidad, sin más pausa que el sobrecogimiento que te indica que has terminado. Pueden estar más o menos corregidos, pero su esencia, su interior y su desgarro, ya estaban allí cuando di por concluida su primera redacción.

Extraído de la entrevista con Gonzalo Calcedo recogida en el libro La familia del aire (Páginas de Espuma, 2011)

Publicado en: ALQUIMISTAS, CONSEJOS DE ALQUIMIA

25/04/2012 by Rocío de Juan 2 comentarios

Palabras mágicas, Ray Bradbury

¿Alguna vez has observado si hay determinadas palabras que estimulan tu imaginación y te ayudan a generar ideas para tus creaciones literarias? Yo lo llamo las palabras mágicas, y así narra Ray Bradbury en el siguiente fragmento cómo descubrió las suyas. Pertenece a su inesquivable libro «Zen en el arte de escribir».

 […] empecé a hacer listas de títulos, a escribir largas líneas de sustantivos. Eran provocaciones, en última instancia, que hicieron aflorar mi mejor material. Yo avanzaba a tientas hacia algo sincero escondido bajo el escotillón de mi cráneo.
Las listas decían más o menos así:
EL LAGO. LA NOCHE. LOS GRILLOS. EL BARRANCO. EL DESVÁN. EL SÓTANO. EL ESCOTILLÓN. EL BEBÉ. LA MULTITUD. EL TREN NOCTURNO. LA SIRENA. LA GUADAÑA. LA FERIA. EL CARRUSEL. EL ENANO. EL LABERINTO DE ESPEJOS. EL ESQUELETO.
En esa lista, en las palabras que simplemente había arrojado al papel confiando en que el inconsciente, por así decir, alimentara a los pájaros, empecé a distinguir una pauta.
Echando a la lista una mirada, descubrí que mis viejos amores y miedos tenían que ver con circos y ferias. Recordé, luego olvidé, y luego volví a recordar, cómo me había aterrorizado la primera vez que mi madre me había llevado al tiovivo. Con el organillo gritando y el mundo dando vueltas y los saltos de los terribles caballos, yo añadí mis chillidos al bochinche. No volví a acercarme al tiovivo durante años.
Cuando décadas más tarde lo hice, me precipitó directamente en La feria de las tinieblas.
Pero mucho antes de eso seguí haciendo listas. EL PRADO. EL ARCÓN DE LOS JUGUETES. EL MONSTRUO. TlRANOSAURIO REX. EL RELOJ DEL PUEBLO. EL VIEJO. LA VIEJA. EL TELÉFONO. LAS ACERAS. EL ATAÚD. LA SILLA ELÉCTRICA. EL MAGO.
Sobre el margen de estos sustantivos, entré a los tumbos en un cuento de ciencia-ficción que no era un cuento de ciencia-ficción. Mi título era «C de cohete». Se publicó con el de «Rey de los Espacios Grises» y contaba la historia de dos chicos, grandes amigos, de los cuales uno era elegido para la Academia Espacial y el otro se quedaba en el pueblo. Todas las revistas de ciencia-ficción lo rechazaron porque, al fin y al cabo, no era sino una historia sobre una amistad puesta a prueba por las circunstancias, aun cuando las circunstancias fuesen un viaje espacial. A Mary Gnaedinger, de Famous Fantastic Mysteries, le bastó mirar el cuento una vez para publicarlo. Pero, una vez más, yo era demasiado joven para ver en «C de cohete» el tipo de cuento que, como escritor de ciencia-ficción, me ganaría la admiración de algunos y las críticas de muchos que observaban que yo no era un escritor de ficciones científicas sino un escritor «popular», ¡qué cuerno!
Seguí haciendo listas, relacionadas no sólo con la noche, las pesadillas, la oscuridad y objetos en desvanes, sino con los juguetes con que juegan los hombres en el espacio y las ideas que encontraba en las revistas policíacas. Del material policiaco que a los veinticuatro años publiqué en Detective Tales y Dime Detective, la mayor parte no vale la pena leerla.
De vez en cuando me pisaba el cordón suelto y hacía un buen trabajo con el recuerdo de México, que me había dado miedo, o del centro de Los Ángeles durante los disturbios de Pachucho. Pero tardaría la mejor porción de cuarenta años en asimilar el género de suspense-y-misterio-detectivesco y conseguir que funcionara en mi novela La muerte es un asunto solitario.
Pero volvamos a mis listas. ¿Y por qué volver? ¿Adónde los estoy llevando? Bien, si alguno de ustedes es escritor, o espera serIo, listas similares, sacadas de las barrancas del cerebro, lo ayudarán a descubrirse a sí mismo, del mismo modo que yo anduve dando bandazos hasta que al fin me encontré.
Empecé a recorrer las listas, elegir cada vez un nombre, y sentarme a escribir a propósito un largo ensayo-poema en prosa.
En algún punto a mitad de la primera página, o quizás en la segunda, el poema en prosa se convertía en relato. Lo cual quiere decir que de pronto aparecía un personaje diciendo «Ése soy yo», o quizás «¡Esa idea me gusta!». Y luego el personaje acababa el cuento por mí.
Empezó a hacerse obvio que estaba aprendiendo de mis listas de nombres, y que además aprendía que, si los dejaba solos, si los dejaba salirse con la suya, es decir con sus propias fantasías y miedos, mis personajes harían por mí el trabajo.

Por darle un toque más personal al post, os diré algunas de mis palabras mágicas, ésas que siempre me inspiran relatos: ciudad, espejo, torre, llave, desierto, noche.
Por ejemplo, en este relato no hay una, sino varias de ellas: La Ciudad Que Nunca Existió.

¿Y vosotros? ¿Cuáles son algunas de vuestras palabras mágicas?

Publicado en: ALQUIMISTAS, CONSEJOS DE ALQUIMIA

09/05/2010 by Rocío de Juan Deja un comentario

Descripción, acción y personaje; Henry James

La gente habla de descripción y diálogo, incidente y descripción, como si fueran belicosamente distintas, en vez de mezclarse entre sí a cada aliento y de ser partes íntimamente asociadas en un esfuerzo general de expresión. No puedo imaginarme una composición que exista por bloques, ni concebir, en novela alguna digna de ser discutida, un pasaje de descripción que no tenga intención narrativa, un pasaje de diálogo que no tenga intención descriptiva, un matiz de realidad, sea el que sea, que no participe de la naturaleza del incidente, o un incidente cuyo interés no derive de otra fuente que no sea la fuente general y única del éxito de una obra de arte: la de ser iluminadora.
[…] ¿Qué es el personaje, sino la determinación de la acción? ¿Qué es la acción, sino la ilustración del personaje?

El arte de la ficción
Henry James

Publicado en: ALQUIMISTAS, CONSEJOS DE ALQUIMIA

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