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Rocío de Juan Deja un comentario

Posibles errores a revisar en los relatos

Muchas veces nos habremos preguntado por qué nuestro texto no funciona, por qué no engancha, por qué no seduce.

Si revisamos nuestro relato con esta lista de de errores en la mano quizá encontremos una (o más) respuestas, que nos permitirán corregirlo.

– Los lugares comunes y las frases hechas, despersonalizan al autor y delatan o bien falta de estilo o bien de esfuerzo. Ej. empleo de frases que, sin llegar a ser «frases hechas», sí parecen hallarse demasiado transitadas; por ejemplo: «miles y miles de veces», «me llegó a lo más profundo del corazón», «como un poseso», etc.

– Los finales sobrantes. Esa especie de guinda innecesaria que parece decirnos «ojo, que he querido decir esto»

– El desequilibrio en el ritmo, la sensación de que se abunda en lo accesorio para luego acelerarse, precipitarse en lo importante.

– El abuso de la adjetivación que ralentiza y que tal vez procede de la pretensión de estar haciendo una «gran literatura»

– El descuido en la precisión de la palabra elegida.

– La obsesión por la traca final.

– La mala utilización de la elipsis y el dar por entendido lo que no se ha explicado o sugerido producen extravíos en el lector.

– La inverosimilitud. A veces por querer ser muy imaginativo se piensa que vale todo, y no es así, es necesario hacer creíble lo increíble o la trama no se sustentará.

– Descuidar la importancia de la puntuación, olvidar que la lectura que hagan de nuestro cuento, sus pausas e inflexiones, son una representación, una partitura cuyos espacios de silencio queremos que se respeten. Dar a alguien nuestro texto para que nos lo lea en alto.

– Un principio de cuento que no seduce, que no retiene, que no interesa. Crear expectativa es fundamental, pues la lectura de un cuento nunca es obligatoria, a no ser en el colegio.

– La falta de circularidad en el cuento. Hay principios de relato que no tienen sentido, podríamos amputarlos y nada se perdería, ni en cuanto a la interpretación del texto ni en cuanto a la comprensión del mismo. A un buen cuento no le puede sobrar ni una sola palabra.

– En general, se nota cuándo un texto está poco trabajado y que no se ha repasado.

Pues, ánimo y suerte con la corrección posterior.

Publicado en: CONSEJOS DE ALQUIMIA

Rocío de Juan 1 comentario

El torbellino de ideas explicado por Daniel Cassany

Una de las formas de obtener inspiración y elementos para desarrollar el relato es el torbellino de ideas. Estos son los consejos que Daniel Cassany, en su estupendo libro La cocina de la escritura, nos da:

CONSEJOS PARA EL TORBELLINO DE IDEAS

* Apúntalo todo, incluso lo que parezca obvio, absurdo o ridículo. ¡No prescindas de nada! Cuantas más ideas tengas, más rico será el texto. Puede que más adelante puedas aprovechar una idea aparentemente pobre o loca.

*No valores las ideas ahora. Después podrás recortar lo que no te guste. Concentra toda tu energía en el proceso creativo de buscar ideas.

*Apunta palabras sueltas y frases para recordar la idea. No pierdas tiempo escribiendo oraciones completas y detalladas. Tienes que apuntar con rapidez para poder seguir el pensamiento. Ahora el papel es sólo la prolongación de tu mente.

*No te preocupes por la gramática, la caligrafía o la presentación. Nadie más que tú leerá este papel. Da lo mismo que se te escapen faltas, manchas o líneas torcidas.

*Juega con el espacio del papel. Traza flechas, círculos, líneas, dibujos. Marca gráficamente las ideas. Agrúpalas. Dibújalas.

*Cuando no se te ocurran más ideas, relee lo que has escrito.

Para mí, lo interesante de este método es que te permite hacer un desarrollo asociativo, y eso proporciona un amplio abanico de palabras y un buen número de caminos a seguir para desarrollar el relato o para jugar con las diferentes posibilidades que se abren.

La búsqueda de asociaciones también se puede conseguir con un buen diccionario ideológico. Recomiendo El diccionario ideológico de la lengua española, de Julio Casares.

Publicado en: CONSEJOS DE ALQUIMIA

Rocío de Juan Deja un comentario

El origen de un relato: escoger una idea

El origen de cada relato está en las múltiples ideas que te asaltan a cada momento. En realidad, el relato se origina cuando escoges una de esas ideas y la sigues sin permitir que las otras te distraigan. ¿Por qué la eliges? Tu inconsciente puede darte la respuesta. Es una necesidad de darle forma a esa historia más que a ninguna otra. En ese origen reside también el modo en que debería ser contada, y al que básicamente debes prestar atención.

Llegar al relato

El proceso que te conduce a la escritura de un relato puede ser el siguiente:

Una imagen te impresiona. Te preguntas por qué te impresiona. Una vez que encuentras las razones, inventas un argumento. Entonces, una vez que cuentas con la historia completa, te pones a imaginar sin apuro.

O puede que sea al revés. Una imagen te impresiona. A partir de esa impresión te pones a escribir sin saber bien hacia dónde vas. La historia se concreta durante el proceso.

Ambos caminos son válidos. Javier Marías habla de escritores con mapa, en el primer caso, y con brújula, en el segundo.

Pero en ambos, lo coincidente es:

• Prescindir de exigencias ajenas.
• Resolver qué personajes pueden protagonizar el relato y averiguar cómo son en sus detalles más importantes.
• Suprimir los datos irrelevantes.

En suma, un relato exige la armonía de los elementos que lo componen y una especial capacidad para captar el detalle, transformar una anécdota, aprovechar una situación emotiva.

Una vez que nace hay que sostenerlo, hacerse conjeturas con respecto a lo que puede pasar sin manipular los hechos.

¿De dónde surge ese mundo en el que se implica el lector, tan bien amueblado como el real, triste, alegre, conmovedor, que no puedes dejar hasta que encuentras el desenlace, ese mundo que te hace sentir orgulloso cuando consigues desvelar el destino de tu personaje implicado y el sentido de tu imperiosa necesidad de otorgarle una lucha, una búsqueda, una corporeidad?

Fuente: Escribir un relato, Silvia Adela Kohan

Publicado en: CONSEJOS DE ALQUIMIA

Rocío de Juan 3 comentarios

Los elementos de un relato

Publicado en: CONSEJOS DE ALQUIMIA

Rocío de Juan Deja un comentario

La redundancia, necesaria para dar continuidad a nuestros relatos

El relato corto posee una única idea implícita o explícita —a lo sumo dos—, que se refuerza de forma secuencial. ¿Cómo? Con la inclusión de aspectos ya conocidos, pero que, cada una o dos frases, intercalan datos aún desconocidos.

Así, el secreto de un buen texto narrativo está en el artificio de repetir y repetir. El oficio del que relata consiste, por tanto, en fijar la atención del lector con reiteraciones invisibles y el interés con acciones o situaciones novedosas. Estas repeticiones deben evitar la duplicidad de palabras y buscar, en cambio, la redundancia de ideas.

Existen muchos trucos para camuflar estas argucias en nuestros escritos. Uno de ellos consiste en utilizar, una y otra vez, campos de significados afines . El objetivo de estas redundancias invisibles es conseguir continuidad en nuestros textos, desde el comienzo hasta la resolución de la historia.

Las dos ideas sobre las que pivota «La Noche de los feos», relato de Mario Benedetti, son la fealdad y la soledad de los dos protagonistas. Benedetti repite, insiste e incide en estos dos conceptos, que forman la causa y la consecuencia del cuento:

«Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia».

(…) «Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera».

(…) «Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía, pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola, todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos —de la mano o del brazo— tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas».

Fuente: Mario Benedetti, «De la muerte y otras sorpresas» (Siglo XXI, Madrid, 1982, 18ª Edición).

Publicado en: CONSEJOS DE ALQUIMIA

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