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08/01/2016 by Rocío de Juan Deja un comentario

En la otra orilla (relato del sábado 2 de enero al viernes 8 de enero)

Reto: Una historia que incluya las palabras marea-laúd-nariz.


En la otra orilla

La portada del álbum mostraba a una cantante de pelo rubio casi blanco, probablemente danesa o islandesa. Podría haber sido guapa si no fuera por su nariz. Dominaba su rostro como una bandera pirata ondeando en el mástil, diciendo: «Ey, aquí estoy. No puedes ignorarme». Las curiosidades de la portada no terminaban ahí. La chica tocaba un instrumento que yo creía desaparecido. Tuve que confirmar en la contraportada que se trataba de un laúd y no de un ukelele, o una guitarra muy pequeña. Sostenía el instrumentos en su regazo y se inclinaba sobre él casi bizqueando los ojos (por efecto de su gran nariz, imagino). Su cabello rubísimo le caía como una cortina sobre unas manos pequeñas que sobresalían de la cazadora vaquera, y pulsaban las cuerdas. La foto estaba tomada en una playa de luz mortecina, la chica sentada en una silla que se hundía en la arena mientras las olas rompían a su espalda. El agua sumergía las botas de la chica por efecto del reflujo de la marea y empapaba el borde de su falda hippie. «En la otra orilla», era el título del álbum.

Creo que estuve contemplando mi buena media hora aquella portada antes de que el dependiente agotase su paciencia y me dijese si iba a comprarlo («Tío, te lo llevas o no»). Sacudí la cabeza, negando, y salí. Una vez fuera contemplé, con tristeza, mi reflejo en el escaparate. El pelo rubio albino estaba alborotado y mi generoso apéndice nasal comenzaba a enrojecer con el frío de enero. La cincha con la que sujetaba el estuche de mi laúd me apretaba después de tantas horas de cargarlo a la espalda. Seguía sin encontrar profesor para aprender a tocarlo, pese a haber recorrido todas las tiendas de discos e instrumentos de la ciudad. Y ahí estaba la última coincidencia, el agua. Se había puesto a llover muy temprano, aunque no tanto como para formar charcos donde mis botas se mojasen como las de ella. Estaba claro: tendría que buscar otras mareas.

Publicado en: Agenda Creativa 2016, Microrrelatos

02/02/2015 by Rocío de Juan 2 comentarios

Caetofobia

Las pinzas de depilar. ¿Dónde me he dejado las pinzas de depilar? Luis, eres un desastre. Ah, aquí están, al lado del ordenador. Tengo que comprar otras para dejar en la cocina.
Cómo no lo pensé antes, que allí también encontraría mi reflejo. En las puertas de cristal de la alacena. En el menaje de acero. En el revés de las cucharas.
Así que lo he visto. Un pelo largo y oscuro que tenía pretensiones de ceja. Fuera con él.
El doctor Ezquerdo dice que tengo un problema. No es verdad. ¿Acaso los hombres no se depilan hoy en día? Los indios ona eliminaban el vello de su cuerpo por completo.
Fuera pelos, fuera, fuera. Esto es agotador. Ya me he decidido: mañana mismo me hago el láser.

Publicado en: Microrrelatos

18/01/2014 by Rocío de Juan 11 comentarios

Nunca hables con extraños

Me adentré en el bosque, con precaución. “Nunca hables con extraños”, me había prevenido mi madre antes de salir, “mira cómo nunca volvimos a saber de tu padre”. Le prometí, una vez más, huir de todo ser que anduviese sobre dos patas, sobre todo de los de caperuza roja.

Publicado en: Microrrelatos

06/09/2013 by Rocío de Juan Deja un comentario

Todo comenzó en la feria

La mujer que atraía como un imán y el hombre que iba con el corazón en la mano se conocieron una cálida noche de septiembre en la Feria de Albacete, después del espectáculo pirotécnico de la inauguración. Él la invitó a un viaje en la noria multicolor y ella le besó después de la primera vuelta. Durante los tres primeros días todo fue bien. A ella le fascinaban los latidos apresurados del corazón que él sostenía en su mano derecha, y él se sentía orgulloso de las miradas masculinas (y algunas femeninas) que perseguían a su acompañante. 

El día que se acercaron al teatro de títeres él empezó a sospechar que su amor estaba siendo manipulado al ver cómo ella guiñaba un ojo al vendedor. Ella, por su parte, se sintió defraudada porque él no dejó a un lado su corazón para bailar un pasodoble.

El penúltimo día él se empeñó en ir a la feria taurina y ella se reservó para el espectáculo de comedia de las ocho de la tarde. Cuando se reencontraron, hicieron un pacto: él se desharía de la víscera que sostenía en la mano y ella se vestiría con un mono aislante magnético. 

El último día de la feria intentaron ser felices juntos, pero él no recordaba haber amado antes a esa mujer y ella se encontró demasiado atraída por sí misma para prestarle atención. 

Decidieron volver a darse otra oportunidad. Quizás, al año siguiente.

Publicado en: Microrrelatos

15/08/2013 by Rocío de Juan 3 comentarios

Noche

Déjame coger tu mano, vamos. No tengas miedo. Las pesadillas asustan, pero no dejan de ser invenciones forjadas por tu mente. Pero mi mano, ésa que sale de debajo de la cama presta a agarrar la tuya, es de verdad.

Publicado en: Microrrelatos

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