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25/04/2012 by Rocío de Juan 2 comentarios

Palabras mágicas, Ray Bradbury

¿Alguna vez has observado si hay determinadas palabras que estimulan tu imaginación y te ayudan a generar ideas para tus creaciones literarias? Yo lo llamo las palabras mágicas, y así narra Ray Bradbury en el siguiente fragmento cómo descubrió las suyas. Pertenece a su inesquivable libro «Zen en el arte de escribir».

 […] empecé a hacer listas de títulos, a escribir largas líneas de sustantivos. Eran provocaciones, en última instancia, que hicieron aflorar mi mejor material. Yo avanzaba a tientas hacia algo sincero escondido bajo el escotillón de mi cráneo.
Las listas decían más o menos así:
EL LAGO. LA NOCHE. LOS GRILLOS. EL BARRANCO. EL DESVÁN. EL SÓTANO. EL ESCOTILLÓN. EL BEBÉ. LA MULTITUD. EL TREN NOCTURNO. LA SIRENA. LA GUADAÑA. LA FERIA. EL CARRUSEL. EL ENANO. EL LABERINTO DE ESPEJOS. EL ESQUELETO.
En esa lista, en las palabras que simplemente había arrojado al papel confiando en que el inconsciente, por así decir, alimentara a los pájaros, empecé a distinguir una pauta.
Echando a la lista una mirada, descubrí que mis viejos amores y miedos tenían que ver con circos y ferias. Recordé, luego olvidé, y luego volví a recordar, cómo me había aterrorizado la primera vez que mi madre me había llevado al tiovivo. Con el organillo gritando y el mundo dando vueltas y los saltos de los terribles caballos, yo añadí mis chillidos al bochinche. No volví a acercarme al tiovivo durante años.
Cuando décadas más tarde lo hice, me precipitó directamente en La feria de las tinieblas.
Pero mucho antes de eso seguí haciendo listas. EL PRADO. EL ARCÓN DE LOS JUGUETES. EL MONSTRUO. TlRANOSAURIO REX. EL RELOJ DEL PUEBLO. EL VIEJO. LA VIEJA. EL TELÉFONO. LAS ACERAS. EL ATAÚD. LA SILLA ELÉCTRICA. EL MAGO.
Sobre el margen de estos sustantivos, entré a los tumbos en un cuento de ciencia-ficción que no era un cuento de ciencia-ficción. Mi título era «C de cohete». Se publicó con el de «Rey de los Espacios Grises» y contaba la historia de dos chicos, grandes amigos, de los cuales uno era elegido para la Academia Espacial y el otro se quedaba en el pueblo. Todas las revistas de ciencia-ficción lo rechazaron porque, al fin y al cabo, no era sino una historia sobre una amistad puesta a prueba por las circunstancias, aun cuando las circunstancias fuesen un viaje espacial. A Mary Gnaedinger, de Famous Fantastic Mysteries, le bastó mirar el cuento una vez para publicarlo. Pero, una vez más, yo era demasiado joven para ver en «C de cohete» el tipo de cuento que, como escritor de ciencia-ficción, me ganaría la admiración de algunos y las críticas de muchos que observaban que yo no era un escritor de ficciones científicas sino un escritor «popular», ¡qué cuerno!
Seguí haciendo listas, relacionadas no sólo con la noche, las pesadillas, la oscuridad y objetos en desvanes, sino con los juguetes con que juegan los hombres en el espacio y las ideas que encontraba en las revistas policíacas. Del material policiaco que a los veinticuatro años publiqué en Detective Tales y Dime Detective, la mayor parte no vale la pena leerla.
De vez en cuando me pisaba el cordón suelto y hacía un buen trabajo con el recuerdo de México, que me había dado miedo, o del centro de Los Ángeles durante los disturbios de Pachucho. Pero tardaría la mejor porción de cuarenta años en asimilar el género de suspense-y-misterio-detectivesco y conseguir que funcionara en mi novela La muerte es un asunto solitario.
Pero volvamos a mis listas. ¿Y por qué volver? ¿Adónde los estoy llevando? Bien, si alguno de ustedes es escritor, o espera serIo, listas similares, sacadas de las barrancas del cerebro, lo ayudarán a descubrirse a sí mismo, del mismo modo que yo anduve dando bandazos hasta que al fin me encontré.
Empecé a recorrer las listas, elegir cada vez un nombre, y sentarme a escribir a propósito un largo ensayo-poema en prosa.
En algún punto a mitad de la primera página, o quizás en la segunda, el poema en prosa se convertía en relato. Lo cual quiere decir que de pronto aparecía un personaje diciendo «Ése soy yo», o quizás «¡Esa idea me gusta!». Y luego el personaje acababa el cuento por mí.
Empezó a hacerse obvio que estaba aprendiendo de mis listas de nombres, y que además aprendía que, si los dejaba solos, si los dejaba salirse con la suya, es decir con sus propias fantasías y miedos, mis personajes harían por mí el trabajo.

Por darle un toque más personal al post, os diré algunas de mis palabras mágicas, ésas que siempre me inspiran relatos: ciudad, espejo, torre, llave, desierto, noche.
Por ejemplo, en este relato no hay una, sino varias de ellas: La Ciudad Que Nunca Existió.

¿Y vosotros? ¿Cuáles son algunas de vuestras palabras mágicas?

Publicado en: ALQUIMISTAS, CONSEJOS DE ALQUIMIA

24/02/2011 by Rocío de Juan Deja un comentario

Buscando material para un relato

Tuve la suerte, hace tiempo, de que se me regalara como premio a un concurso literario el libro Atreverse a escribir. Prácticas y claves para arrancar de una vez por todas, de Marcelo Di Marco y Nomi Pendzik, 2° ed., Buenos Aires, Sudamericana, 2005.

De ahí extraigo esta actividad, excelente para recopilar esos recuerdos y memorias de infancia, plenas de imágenes, que luego pueden convertirse en la inspiración y alimento de futuros relatos.

Todo empieza con este poema de Horacio Salas:

LOS JUEGOS

Yo recuerdo la infancia
como un enorme patio.
La siesta interminable de Palermo
Y tardes somnolientas los domingos.
El sol se acurrucaba en los balcones
y con mis personajes
acaso viajé a Marte muchas veces.
Desembarqué en islas del Pacífico
y en las costas de África y Borneo.
Fui Robinson, pirata y alquimista,
creador de los colores,
inventor de los héroes.
Viví en la Edad de Piedra,
soñé otros continentes,
fui soldado, ladrón y wing derecho,
detective, ministro, presidente.
Me adelantaba a Fangio en las carreras
y supe que Lavalle murió tras una puerta.
Recuerdo la tristeza de las tardes de lluvia,
la cálida mirada de mi madre,
la tapa de todos mis cuadernos,
mis primeros dibujos de aviones y de pájaros,
de uniformes azules y leyendas.
También estuve enfermo
todo un noviembre largo,
rodeado de banderas, un libro de figuras,
Pif Paf, un diccionario,
recortes y acuarelas.
Fui dueño de las últimas glicinas.
Seguido por mi padre cacé un gran elefante
y atravesé la selva.
Algún día pensé ser Don Quijote
y estuve enamorado a los seis años.
Tuve un vago temor a los relojes
y en un jardín de otoño
aprisioné al fantasma
que habitaba en mis sueños.
Hice amigos durables
y aprendí sobre un mapa
que el mar era celeste.
Un día simplemente pretendí ser hombre
sin saber que en el juego se destrozaba el tiempo.
A veces vuelve el niño
como un misterios extraño
y acaso, tengo miedo.

CONSIGNAS:

1- Hagan una lista de los objetos que conservan de su infancia: elijan los más queridos, los que están más impregnados de su personalidad.
2- A esa lista agreguen qué les gusta hacer ahora en sus horas libres.
3- Anoten también los héroes de su infancia.
4- Ahora, apoyados en esas listas, armen un texto que hable de su infancia y del momento que ahora están viviendo. No se olviden de usar imágenes, metáforas y comparaciones.

¡Suerte y a ver qué se os ocurre!

Publicado en: CONSEJOS DE ALQUIMIA

18/12/2010 by Rocío de Juan 1 comentario

Dos dodecálogo del cuentista, Andrés Neuman

Extraído de su libro de relatos «Alumbramiento», he aquí un dodecálogo de este escritor:

1) Contar un cuento es saber guardar un secreto.
2) Aunque hablen en pretérito, los cuentos suceden siempre “ahora”. No hay tiempo para más ni falta que hace.
3) El excesivo desarrollo de la acción es la anemia del cuento, o su muerte por asfixia.
4) En las primeras líneas un cuento se juega la vida; en las últimas líneas, la resurrección. En cuanto al título, paradójicamente, si es demasiado brillante, se olvida pronto.
5) Los personajes no se presentan: actúan.
6) La atmósfera puede ser lo más memorable del argumento. La mirada, el personaje principal.
7) El lirismo contenido produce magia. El lirismo sin frenos, trucos.
8) La voz del narrador tiene tanta importancia que no debe escucharse demasiado.
9) Corregir: reducir.
10) El talento es el ritmo. Los problemas más sutiles empiezan en la puntuación.
11) En el cuento, un minuto puede ser eterno y la eternidad caber en un minuto.
12) Narrar es seducir: jamás satisfagas del todo la curiosidad del lector.

He aquí otro nuevo Dodecálogo de un cuentista:

1) Si no emociona, no cuenta.
2) La brevedad no es un fenómeno de escalas. La brevedad requiere sus propias estructuras.
3) En la extraña casa del cuento, los detalles son los pilares y el asunto principal, el tejado.
4) Lo bello ha de ser preciso como lo preciso ha de ser bello. Adjetivos: semillas del cuentista.
5) Unidad de efecto no significa que todos los elementos del relato deban converger en el mismo punto. Distraer: organizar la atención.
6) Anillo afortunado: a quien escribe cuentos le ocurren cosas, a quien le ocurren cosas escribe cuentos.
7) Los personajes aparecen en el cuento como por casualidad, pasan de largo y siguen viviendo.
8) Nada más trivial, narrativamente hablando, que un diálogo demasiado trascendente.
9) Los buenos argumentos jamás pierden tiempo argumentando.
10) Adentrarse en lo exterior. Las descripciones no son desvíos, sino atajos.
11) Un cuento sabe cuándo finaliza y se encarga de manifestarlo. Suele terminar antes, mucho antes que la vanidad del narrador.
12) Un decálogo no es ejemplar ni necesariamente transferible. Un dodecálogo, muchísimo menos.

¿Os animais a comentar cuáles son los «mandamientos» que más os convencen? A mi me atraen especialmente el punto 12 del primer dodecálogo y el 7 del segundo. 🙂

Publicado en: CONSEJOS DE ALQUIMIA

05/06/2010 by Rocío de Juan 2 comentarios

Decálogo para escribir microcuentos



Publicado en: CONSEJOS DE ALQUIMIA

09/05/2010 by Rocío de Juan Deja un comentario

Descripción, acción y personaje; Henry James

La gente habla de descripción y diálogo, incidente y descripción, como si fueran belicosamente distintas, en vez de mezclarse entre sí a cada aliento y de ser partes íntimamente asociadas en un esfuerzo general de expresión. No puedo imaginarme una composición que exista por bloques, ni concebir, en novela alguna digna de ser discutida, un pasaje de descripción que no tenga intención narrativa, un pasaje de diálogo que no tenga intención descriptiva, un matiz de realidad, sea el que sea, que no participe de la naturaleza del incidente, o un incidente cuyo interés no derive de otra fuente que no sea la fuente general y única del éxito de una obra de arte: la de ser iluminadora.
[…] ¿Qué es el personaje, sino la determinación de la acción? ¿Qué es la acción, sino la ilustración del personaje?

El arte de la ficción
Henry James

Publicado en: ALQUIMISTAS, CONSEJOS DE ALQUIMIA

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