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Rocío de Juan 2 comentarios

Motivos para leer

Artículo publicado por Constatino Bértolo, Diario Público, 29 mayo 2008

«Para ser inteligente, para creerse inteligente, para sentirse inteligente. Para no estar solo, para estar solo, porque más que solo vale estar mal acompañado auqnue mucho se diga que no hay libro malo. Porque hace frio ahí fuera, porque llueve sobre el corazón y gusta ver la tinta sobre los campos de nieve. Para ser entre la gente. Para fumar sin sentirse culpable, para dejar de fumar y las manos no se escapen en busca del aire de nadie.

Para tener un libro de bolsillo en el bolsillo y ocuparse de un mientras, un ya veremios y de un entretanto. Por vista, gusto, tacto, olfato y oído y para saber qué alumbra lo que tanto nos gusta. Por ego y por apego. Para esconderse, para mostrarse, para vestirte, para desnudarte. Porque sí, por si, porque no, para no. Para ser feliz, por no ser feliz, por infeliz. Para andar el camino, para encontrar el camino, para construir un camino, para hacer un alto en el camino. Para no perder el tren.

Por sed, por hambre, por tierra, mar y aire. Para mirarse en el espejo, por reflejo incondicionado, para conocer quién nos habla desde el otro lado del espejo. Por ti, por mí y por ella. Porque queremos ver y que nos vean y sin embargo qué morbo da la “cita a ciegas” (el autor pone la alcoba, el editor la casa, el narrador es el que la luz apaga).
Para ver el humo que avisa donde está el fuego. Porque estar cansado tiene plumas, la avaricia comienza en el dar y porque sólo entonces soy como te quiero. Para tener la libertad que no tiene el solitario. Para pedirte perdón por el daño que me hiciste, echar sal en mis heridas e intentar saber cómo me llamo. Porque puedes estar en misa y repicando, nadar y guardar la ropa, ser Caín y el guardián de tu hermano. Porque si no se las lleva el viento, arden las palabras. Por pié quebrado y tan callado. Para conocer la voz de mi amo y para ver si de una vez alcanzo el silencio. Para ser el enfermo y el psiquiatra. Porque yo no soy como te amo.

Porque el poema es una copa de vino, y se fue, y el mañana no ha llegado. Por punto de partida y de hoja en hoja y leo porque me toca. Porque hay vida más allá del punto y aparte y es sano andar a pie de página. Porque si pierdo la memoria qué pereza. Para ni ser ciego en Granada ni nos obliguen a elegir entre la pena y la nada. Para jugar con fuego y no salir quemado. Porque la letra con letra entra, y sale y vuelve a entrar como beso que no quiere que te calles.

Porque entre todos los libros que he leído nunca he leído aquel entre cuyas letras desfallecieron de amor Paolo y Francesca. Para tirar la mano, esconder la piedra y mojar el pan en sangre ajena. Para que me llames y me ames. Para acabar con la propiedad privada de mis palabras. Porque si echas cuentas te sale a cuento y hasta te sobran dos quijotes y medio sancho. Y por los libros de los libros, mal o bien, pero amén.»

Publicado en: ALQUIMISTAS

Rocío de Juan 2 comentarios

Exploradores, más que inventores

“Hay probablemente dos actitudes básicas que dan origen a los dos tipos fundamentales de ficción: o se escribe por juego, por entretenimiento propio y de los lectores, para pasar y hacer pasar el rato, para distraer o procurar unos momentos de agradable evasión; o se escribe para buscar la condición del hombre, empresa que no sirve de pasatiempo, ni es un juego, ni es agradable. Efectivamente, es casi normal, para no decir que es inevitable, esta sensación de desagrado que produce la lectura de una novela de esta naturaleza. Y eso se debe a que no sólo la exploración de las simas del corazón humano es agobiante sino que, proponiéndonoslo o no, este tipo de ficción nos produce un desasosiego que tampoco es placentero. Maurice Nadeau sostiene que una novela que deje tal cual al lector y al escritor es una novela inútil. Es cierto. Cuando hemos terminado de leer El proceso no somos la misma persona que antes (y seguramente tampoco Kafka después de escribirlo).”

Ernesto Sábato, El escritor y sus fantasmas

Publicado en: ALQUIMISTAS, CONSEJOS DE ALQUIMIA

Rocío de Juan 3 comentarios

Breve, claro y conciso

«Entre dos explicaciones, elige la más clara; entre dos formas, la más elemental; entre dos expresiones, la más breve»

Eugenio d’Ors

Publicado en: ALQUIMISTAS, CONSEJOS DE ALQUIMIA

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Las descripciones y Chéjov

“Las descripciones de la naturaleza deben ser muy breves y venir muy a propósito. Hay que acabar con generalidades como: el sol poniente, bañándose en las ondas del mar oscurecido, derrama un fulgor de oro carmesí, o las golondrinas, rozando el agua, gorgojean jubilosas. En las descripciones de la naturaleza uno debe apoderarse de los pequeños detalles, arreglándolos de tal modo que, con los ojos cerrados, se obtenga en la mente una imagen clara. Por ejemplo, se obtendrá una imagen de una noche de luna clara si se escribe que un trozo de cristal de una botella rota brillaba como una pequeña estrella en el dique del molino (…) En la esfera emotiva, también los pequeños detalles son lo que importa (…) Lo mejor es no describir el estado emotivo de tus personajes: hay que intentar hacerlo evidente por sus acciones”.

“No he adquirido una perspectiva política, filosófica ni religiosa sobre la vida: todos los meses la cambio, y por eso tengo que limitarme a descripciones de cómo mis personajes aman, se casan, tienen hijos, hablan y mueren”

Antón Pávlovich Chéjov

Publicado en: CONSEJOS DE ALQUIMIA

Rocío de Juan 1 comentario

Donde habitan las musas (II)

Antes decía que no creo en la inspiración, pero está claro que hay detonantes de la misma, como muestra la extensa lista que dejaba en el post de mismo nombre que éste.

Después de comprobar que en dicha lista no figura éste, he aquí uno de los recursos que yo utilizo: la complicidad con el lector lector.

No es una redundancia; he escrito a propósito dos veces lector, porque hay una doble relación: 1/es lector de mi texto en ese momento, 2/es lector de mis lecturas, de las que han inspirado el texto, cuya relación (más o menos evidente) debe descubrir para disfrutar plenamente del sentido del relato.

Como no hay mejor explicación que un ejemplo visible, allá van dos textos míos muy breves donde lo utilizo. Espero que los disfrutéis.

ESCENAS DE OTRO DANTE

Beatriz, sonriéndome. Beatriz, masticando hojas de menta para que después, al besarla, me atrape la frescura de su boca y el delirio de su abrazo. Beatriz, vertiendo palabras en mi oído para reírse luego de mi expresión escandalizada.

Beatriz, ocultando nerviosa un sobre acartonado a su espalda. Beatriz, encerrada en el baño mientras ahoga su llanto con el ruido del grifo abierto.

Beatriz, aferrando mi mano en aquel cuarto blanco, mintiendo cuando dice que pronto estará bien. Beatriz, clavándome su mirada, mientras la luz huye de sus ojos.

Del cielo al infierno, de arriba abajo, recorro a la inversa las escenas dantescas para hallar, finalmente, que mi peor tortura sólo acaba de comenzar.

VELATORIO

Están ahí fuera. Oigo el arañar de sus antenas contra la puerta, el rascar de sus patas en los baldosines del rellano. El zumbido crece y crece en volumen, hasta entonar una sinfonía macabra, un réquiem de vibraciones.

Pero no les dejaré entrar, aunque amasen entre sus patas un ariete de barro con el que derribar las puertas.

Me niego a que den el último adiós a mi hijo. No quiero conservar la imagen de Gregorio rodeado de una multitud de escarabajos, en actitud de adoración ante su ídolo caído.

Explicaciones a «Escenas de otro Dante» (pasar el ratón a continuación):

Beatriz, la amada, comparte nombre con aquélla que lo fue de Dante Alighieri. Este italiano, en su Divina Comedia, recorre el Infierno, Purgatorio y el Cielo a lo largo de varias escenas. En el Cielo se reúne con Beatriz. En mi texto sucede al revés: este anti-Dante, que posee a Beatriz desde el inicio, va pasando por los tres estadios marcados por los diferentes párrafos, hasta concluir en su peor infierno: sobrevivir a la muerte de la persona que amaba.

Explicaciones a «Velatorio» (pasar el ratón a continuación):

Aquí la relación con «La metamorfosis» de Franz Kafka sólo se establece al llegar al final. ¿Qué hace una multitud de escarabajos intentando entrar en una casa? Lo sabemos en las últimas líneas. Gregorio Samsa, el humano-escarabajo incomprendido por los hombres recibe, en cambio, el tributo y reconocimiento de los pequeños insectos con los que compartió naturaleza.

Publicado en: EXPERIMENTOS

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