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Rocío de Juan 2 comentarios

Dos caras de una moneda

Hoy, por primera vez en dos años, no he visto al hombre de las monedas. Así bauticé al molesto individuo que tenía el hábito de pasearse por la amplia avenida, con la mirada baja, ajeno a su alrededor. Cada diez minutos se agachaba y extendía una mano hacia el suelo, con un gesto que pretendía recoger una moneda inexistente.
Hoy, al no verle en la avenida, he sentido un extraño pinchazo de nostalgia. Y sí, lo reconozco: he lamentado la moneda que dejé caer ayer.

Publicado en: Microrrelatos

Rocío de Juan Deja un comentario

Zodíaco vital


Ella es Cáncer; yo, Capricornio. Demasiadas coincidencias con nuestro pasado. Ella nació en el año de la serpiente; yo, en el de la rata. Ninguno de esos signos nos inspiraba algo positivo. Decidimos que hoy sería el día cero del año cero de nuestro amor, y que las estrellas sólo serían meros testigos.

Publicado en: Microrrelatos

Rocío de Juan Deja un comentario

Instinto de supervivencia

El gato estaba tumbado en el alféizar de la ventana, dejando que el sol entibiara su cuerpo atigrado. Tenía los ojos entrecerrados y, de vez en cuando, abría del todo uno de ellos para mirar abajo, hacia la calle. Respiraba con una especie de ronroneo asmático. Un par de moscas le zumbaban cerca de la oreja, pero él no hacía ademán de espantarlas. No muy lejos, una gata en celo maullaba su necesidad.

Él estaba sumido en sus recuerdos: los tejados que había escalado, la búsqueda de alimento en los cubos de basura, los roedores que había perseguido. La calle le traía buenos recuerdos. También hubo algunas peleas, pero su agilidad le había conservado sus siete vidas. Ahora, las cosas habían cambiado. El simple hecho de escalar hasta el alféizar le había supuesto un gran desgaste.
Su ojo abierto divisó a quien esperaba, entrando en ese momento en el portal del edificio. Minutos después, una anciana abría la ventana donde estaba apoyado el gato, diciendo con voz mimosa:
-¿Pero qué tenemos aquí? Minino bonito, ven conmigo…
El gato dejó que le cogiese en brazos y le introdujese en el cálido refugio de su nuevo hogar.

Publicado en: Microrrelatos

Rocío de Juan 2 comentarios

Trabajando el argumento de un relato

Feliz año a todo el mundo.

Vengo con buenos propósitos de trabajar y hacer trabajar. De momento, os dejo aquí un ejercicio  sencillo para trabajar un relato. Partiendo de un argumento que dejo sin final a propósito, hay que analizar los elementos esenciales contestando a las preguntas que formulo abajo, lo que nos permitirá llegar a la última y más interesante: ¿cuál es el tema? Quizá, al responderla, debamos cambiar algo de lo anterior.

El ejercicio concluye escribiendo las primeras líneas del posible relato, espero vuestras respuestas 🙂

ARGUMENTO: Una chica joven trabaja como peluquera por la mañana y, por las tardes, acude al domicilio de un anciano ciego para hacerle de lectora. El ciego nunca recibe visitas, pero una de esas tardes de lectura un hombre llama a la puerta y el anciano le pide a la chica que les deje a ambos a solas. Ella finge obedecerle, pero se las arregla para escuchar la conversación.

  
Tareas:
1/ Busca un final y resúmelo en una o dos frases para añadirlo al argumento.
2/ Responde a las siguientes preguntas:
¿Quién es el/la protagonista?
¿Dónde y cuándo transcurre la acción?
¿Cuál es el deseo del protagonista?
¿Quién es su antagonista?
¿Cuál es el conflicto?
¿Cómo se resuelve el conflicto?
¿Cuál es el tema del relato?
3/ Una vez delimitado el argumento, habría que escribirlo teniendo en cuenta:
Narrador y punto de vista
Personajes (descripción resaltando lo relevante para el relato)
Tono y ritmo que le imprimiremos
Indicios que iremos sembrando para preparar el final y darle coherencia al texto
4/ ¿Te animas a buscar las primeras frases de esta historia?

Publicado en: EXPERIMENTOS

Rocío de Juan 3 comentarios

Napoleón

Recuerdo de mi infancia que mi abuelo Pierre, el francés, tuvo un pastor alemán durante muchos años. Mi abuela Josefina lo llamó “Napoleón”, lo cual nos pareció un bonito detalle. Sin embargo, mi abuelo siempre lo llamó “el chucho” o “el perro” hasta el día en que el pobre animal murió. Cuando mi abuela falleció, mi abuelo compró una perra preciosa y la llamó Desirée. Nunca vi brillar tanto sus ojos como cuando pronunciaba su nombre.

Publicado en: Microrrelatos

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