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31/10/2017 by Rocío de Juan 28 comentarios

Un hombre de empresa

El ejecutivo contempló con una mueca la imagen de la antesala de su despacho que le ofrecía el monitor de vídeo instalado en su mesa. En el canapé destinado a las visitas había tres hombres sentados que no parecían especialmente contentos. Dos de ellos semejaban excampeones de halterofilia y el tercero, un tipo bajito y musculoso, habría podido dar que hablar en los cien metros lisos.
Se retrepó en el sillón de su despacho y volvió a mirar la hora. Su secretaria había dicho a los visitantes que él estaba reunido, pero ellos habían insistido en aguardarle. Así que llevaban esperando media mañana y parte de la tarde, sentados incómodamente en el canapé.
Cuando el ejecutivo sintió el rugir de su estómago se lo apretó con fuerza, temeroso de que se oyese en el exterior. Afortunadamente, el despacho estaba insonorizado y el sillón era cómodo. Lo que lamentaba era no tener un aseo personal. Menos mal que existían las plantas decorativas.
En total llevaba cuatro horas de encierro; dentro de una más la secretaria tendría que irse, dejándole a merced de aquellos gorilas enviados por un acreedor. “Sé un hombre”, se dijo, “plántales cara y diles que no hay dinero en estos momentos”.
Dudó al recordar las palabras, mil veces memorizadas, del prestamista que le había concedido el crédito millonario para reflotar la empresa. “Si no me devuelves el dinero en plazo, olvídate de tus hijos”. “Pero si no tengo”, le había dicho. “Por eso mismo”, fue su respuesta.
Abrió la ventana para ventilar el despacho viciado por el encierro. El ensordecedor ruido del tráfico pareció darle la bienvenida, recordándole que había otros desgraciados afanados en sus negocios y confiados en que llegaría un día más para ellos.
—Se acabó —dijo en voz alta.
Nunca había padecido vértigo y cuando se encontró completamente de pie en la cornisa exterior, sujetado por una sola mano a la ventana, sintió una extraña fascinación. “No creo ni que me duela. Antes se debe morir uno de una parada cardíaca”.
Su vacilación duró sólo unos minutos. Volvió a entrar en el despacho por la ventana y se dirigió con paso decidido a la puerta, que abrió con energía. Para su sorpresa, se vio solo. La secretaria se había ido y el canapé estaba vacío.
—¿Significa esto que he pasado la prueba? —dijo estúpidamente, mirando en derredor, intentando localizar el micrófono oculto.
—Le llamaremos en los próximos días para comunicarle nuestra decisión —respondió una voz femenina impersonal desde algún lugar del techo.
Al otro lado del micrófono, la dueña de la voz detuvo la grabación de la cinta, extrajo el CD del ordenador y escribió la leyenda “Candidato nº 6” y la fecha. Suspiró audiblemente: había sido agotador monitorizar a aquel tipo. Por fortuna se habían terminado las entrevistas previstas esa semana.
Oyó que alguien entraba en la sala de grabaciones. Era el Director General de la empresa, quien personalmente había contratado los servicios de su gabinete para seleccionar un directivo.
—Acabo de regresar de mi viaje, pero estaba impaciente por comprobar este “novedoso” sistema de selección. ¿Cómo han ido las pruebas?
La chica alargó su mano de finos dedos hacia un dossier que reposaba a su derecha. Recitó con voz parsimoniosa:
—Tal y como se acordó, a los candidatos se les ha dado las oportunas instrucciones para asumir el papel de un ejecutivo al que reclaman una deuda por la fuerza bruta. Se les ha provisto de informes financieros, ordenador con conexión a Internet, teléfono y secretaria. Se les ha advertido de las consecuencias negativas de avisar a la policía, al ejército o a la prensa. Se les ha avisado de que enfrentarse directamente a los matones implicaría una paliza física real (aunque se respetarían los órganos vitales) y que tirarse por la ventana también era una opción contemplada, por lo que se había instalado una red protectora para recogerles de la caída. Se les ha pedido sinceridad de carácter y que actúen según lo que realmente harían si la situación fuese absolutamente real.
—¿Y cuál ha sido el resultado?
—De los seis candidatos, tres optaron por la paliza, dos se tiraron por la ventana y el de hoy se ha encerrado durante todo el día hasta que nos hemos cansado de esperar —le informó la mujer, con tono de desencanto.
El Director General movió la cabeza con pesadumbre.
—Siga intentándolo —la animó—. Algún hombre de empresa quedará que todavía entienda el término “negociación”.

Publicado en: Microrrelatos, Tintero

15/08/2017 by Rocío de Juan Deja un comentario

Burbuja (ejercicio escritura exprés revisado)

Reto: lista de la compra (incluir en el microrrelato un color, una fecha, un nombre de mujer/hombre, dos palabras antónimas entre sí, una pregunta y un objeto del Metáforas, el lugar donde hacíamos la sesión de escritura exprés).

Gracias a Lara, Juanjo, Pawa y María José por sus opiniones para la reescritura 🙂



BURBUJA

Se oyó la llave en la cerradura, dando varias vueltas al cerrojo. Por fin, el hombre entró en la casa, cargando varias bolsas blancas con el logo del supermercado. Las llevó a la cocina y saludó a su mujer.
Descolgó el heraldo del salón y comprobó que seguía sin línea. Colocó el auricular de nuevo en su sitio, con cuidado. Luego se acercó a la televisión y la encendió. Era una Philips de 1956, color crema y granate. Tuvo que poner el volumen un poco alto porque no escuchaba bien. De repente, la apagó.
Su mujer entró en el salón, secándose las manos en el delantal.
-Samuel, ¿qué han dicho en la televisión?
-Nada, vuelve a la cocina.
Ella salió.
El hombre se dirigió a la televisión y arrancó la antena. Después regresó al sillón y terminó de desmontar la última pieza de la radio.
Cuando vio el periódico sobre la mesa del salón comprendió que no podría protegerla para siempre.

Publicado en: Microrrelatos, Sesiones exprés

04/09/2016 by Rocío de Juan 2 comentarios

También tu nombre (relato semana del sábado 25 de junio al viernes 1 de julio)

Reto: poema de 14 versos máximo.

TAMBIÉN TU NOMBRE 




Lo más triste de todo,
es encontrarte repetida en cada muro,
una frase hecha, un trazo que la acompaña,
y el aire que camufla el eco vergonzoso.
El fuego es blanco cuando muere, la tarde es blanca.

La calle sonríe al niño que salta sobre los adoquines.
Un coche se detiene cerca,
pero nadie presta atención, es la hora blanca.
Las voces son ecos y, en un patio,
una película deja oír la melodía de fin,
sin anuncios que interrumpan la llegada de la apoteosis.

Una ventana se abre, se cuelan dos mariposas moribundas:
buscan el silencio y el polvo de una cómoda escondida,
en el exterior todo es blanco, también tu nombre.

Publicado en: Agenda Creativa 2016, Poesías

04/09/2016 by Rocío de Juan Deja un comentario

El buscador de archisílabos (relato semana del sábado 6 de agosto al viernes 12 de agosto)

Reto: Una historia sobre un buscador de…

EL BUSCADOR DE ARCHISÍLABOS



Le conocían por Fran. Deambulaba por los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras muy atento a sus cordones, como si se le fueran a desatar de un momento a otro. No obstante, siempre levantaba la cabeza en el momento adecuado para saludar a la gente. «Eh, cómo va eso, Migue», «Hasta luego, Lorena». No se le veía en la cafetería charlando con nadie pero todos lanzaban preguntas hacia la esquina donde se tomaba tranquilamente su cortado. «Qué opinas de eso, ¿eh, Fran?». Y él contestaba con frases breves, y bajaba de nuevo los ojos hacia su café o hacia el periódico, incapaz de superar su natural tímido. Le aceptaban porque era buena gente, pero le consideraban un poco «rarito».

En el ciberespacio las tornas eran otras. Se había hecho con una CPU que iba a gran velocidad y había contratado una conexión a Internet excelente. Repantingado en su sillón ergonómico, Fran se convertía en Archie, el buscador de archisílabos. Hostigaba sin piedad los foros de periodistas, lanzaba diatribas en pro de la excelencia del lenguaje, se lanzaba a la caza y captura de ejemplos que luego enviaba a los rotativos con burla y escarnio. Escribía largas cartas de opinión, manifiestos, y hasta un manual de correcto uso del español que colgó con licencia Creative Commons en su blog.

Un día sintió que por fin habían oído su voz: le ofrecieron ir a la radio a denunciar el abuso del lenguaje junto con un catedrático de la Complutense y el presidente de la Fundéu. Querían montar una mesa de debate y les interesaba una voz que representase a la juventud preocupada por la cultura. Les había gustado su blog y por eso le escribían.

Fran les propuso que le llamasen por teléfono pero ellos insistieron en que se presentase en persona. Archie quería ir, lo deseaba intensamente. Pero Fran se miró los cordones de los zapatos y acabó lanzando un hondo suspiro. Al fin y al cabo: ¿quién sabe lo que es un archisílabo?

Publicado en: Agenda Creativa 2016, Microrrelatos

03/09/2016 by Rocío de Juan Deja un comentario

Luchas (relato semana del sábado 21 de mayo al viernes 27 de mayo)

Reto: una historia que termine con esta frase: «y eran solo tres».

LUCHAS

Eran cuatro y observaban el cielo como si fuera a derramarse sobre sus cabezas de un momento a otro. La tormenta se anunciaba con disparos de cañón que hacían eco en el desfiladero. A duras penas conseguían calmar a sus monturas con un gesto tosco en el cuello de las bestias.
—¡No está lejos la cueva! ¡Ánimo!
El cabecilla era el único con voz capaz de hacerse oír por encima del infierno que se cernía. Sin embargo, aunque cabalgaban en fila india a paso lento con el despeñadero, más de un caballo hizo amago de tropezar, y eso les obligaba a frenar una y otra vez la marcha.
El aguacero les sorprendió a mitad de su destino, y el barro añadió otro elemento peligroso. Blasfemaron hasta quedarse sin fuerzas y entonces alguno se persignó, musitando el nombre de la mujer o de la novia. Solo el cabecilla permanecía en silencio, oteando cada risco en busca de la entrada del refugio. Llegaron al fin y se tumbaron en el suelo de la cueva.
Estaban empapados, hambrientos y doloridos. Llevaban tres días huyendo del ejército. Mesnier les había hablado de un paso seguro a través de las montañas, y lo habían seguido, aprovechando la tormenta. Nadie se abocaría a perseguirles con aquel temporal.
Mesnier, o el gabacho, como le apodaban sus compañeros, contempló a aquellos jóvenes. El mayor no alcanzaría los veinticinco años. Él casi había cumplido cuarenta. Era la segunda guerra que vivía y aún no sabía que llegaría a participar en otra más, aunque por motivos pacifistas.
Años más tarde, cuando ya había conducido por los Pirineos a muchos grupos de personas para que prosiguiesen la lucha de otro modo (ya no de modo incruento, sino con las palabras), recordaría vívidamente el paso de aquella primera vez: «todo aquel esfuerzo y eran solo tres».

Publicado en: Agenda Creativa 2016, Microrrelatos

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