El bocetista no tiene trabajo. Un día, no sabe cómo, ha empezado a experimentar terror a las críticas de sus clientes. «Me has puesto una nariz que no tengo», «mira qué frente, ni que me estuviera quedando calvo». La gente no acepta su realidad y rechaza al bocetista, que ve esfumarse su única fuente de ingresos.
Un amigo le sugiere que trabaje para la policía. «Dedícate a los retratos-robot», le dice, «dibuja lo que otras personas te describan». El bocetista le hace caso y todo parece ir bien. Conecta con los pensamientos de la gente, intuye los rasgos que ellos no saben describir. Se hace conocido y estimado.
Hasta el día en que llega ella, la hija del comandante de la policía. Pelirroja, de su edad. Ojos azules agrandados por el miedo. Ha soñado muchas veces con un hombre que la acosa. Intuye que desea matarla, pero no tiene pruebas. Solo es una figura que se le aparece en la vigilia.
El retratista acoge el nuevo encargo con cierto pánico. Va perfilando con su lápiz los rasgos que ella le describe, y se vislumbra un hombre sin rostro que parece querer salir del papel. Cuando le observa así, una figura al otro lado de un cristal opaco, la huella de sus manos buscando forzar una salida sin conseguirlo, suelta el lápiz. Mira a la chica y le dice, convencido:
-Le he atrapado a tiempo. Ya no puede hacerte daño.
Un hombre de empresa
Burbuja (ejercicio escritura exprés revisado)
Reto: lista de la compra (incluir en el microrrelato un color, una fecha, un nombre de mujer/hombre, dos palabras antónimas entre sí, una pregunta y un objeto del Metáforas, el lugar donde hacíamos la sesión de escritura exprés).
Gracias a Lara, Juanjo, Pawa y María José por sus opiniones para la reescritura 🙂
También tu nombre (relato semana del sábado 25 de junio al viernes 1 de julio)
Reto: poema de 14 versos máximo.
TAMBIÉN TU NOMBRE
Lo más triste de todo,
es encontrarte repetida en cada muro,
una frase hecha, un trazo que la acompaña,
y el aire que camufla el eco vergonzoso.
El fuego es blanco cuando muere, la tarde es blanca.
La calle sonríe al niño que salta sobre los adoquines.
Un coche se detiene cerca,
pero nadie presta atención, es la hora blanca.
Las voces son ecos y, en un patio,
una película deja oír la melodía de fin,
sin anuncios que interrumpan la llegada de la apoteosis.
Una ventana se abre, se cuelan dos mariposas moribundas:
buscan el silencio y el polvo de una cómoda escondida,
en el exterior todo es blanco, también tu nombre.
El buscador de archisílabos (relato semana del sábado 6 de agosto al viernes 12 de agosto)
Reto: Una historia sobre un buscador de…
EL BUSCADOR DE ARCHISÍLABOS
Le conocían por Fran. Deambulaba por los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras muy atento a sus cordones, como si se le fueran a desatar de un momento a otro. No obstante, siempre levantaba la cabeza en el momento adecuado para saludar a la gente. «Eh, cómo va eso, Migue», «Hasta luego, Lorena». No se le veía en la cafetería charlando con nadie pero todos lanzaban preguntas hacia la esquina donde se tomaba tranquilamente su cortado. «Qué opinas de eso, ¿eh, Fran?». Y él contestaba con frases breves, y bajaba de nuevo los ojos hacia su café o hacia el periódico, incapaz de superar su natural tímido. Le aceptaban porque era buena gente, pero le consideraban un poco «rarito».
En el ciberespacio las tornas eran otras. Se había hecho con una CPU que iba a gran velocidad y había contratado una conexión a Internet excelente. Repantingado en su sillón ergonómico, Fran se convertía en Archie, el buscador de archisílabos. Hostigaba sin piedad los foros de periodistas, lanzaba diatribas en pro de la excelencia del lenguaje, se lanzaba a la caza y captura de ejemplos que luego enviaba a los rotativos con burla y escarnio. Escribía largas cartas de opinión, manifiestos, y hasta un manual de correcto uso del español que colgó con licencia Creative Commons en su blog.
Un día sintió que por fin habían oído su voz: le ofrecieron ir a la radio a denunciar el abuso del lenguaje junto con un catedrático de la Complutense y el presidente de la Fundéu. Querían montar una mesa de debate y les interesaba una voz que representase a la juventud preocupada por la cultura. Les había gustado su blog y por eso le escribían.
Fran les propuso que le llamasen por teléfono pero ellos insistieron en que se presentase en persona. Archie quería ir, lo deseaba intensamente. Pero Fran se miró los cordones de los zapatos y acabó lanzando un hondo suspiro. Al fin y al cabo: ¿quién sabe lo que es un archisílabo?





