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29/12/2017 by Rocío de Juan 5 comentarios

La dama del frío

Él adoraba la nieve, porque era cuando acudía ella. Los copos se arremolinaban en el aire dibujando el contorno de su silueta, los cristales más altos centelleaban para mostrar el diseño de la diadema que ceñía su frente.

Sólo él era capaz de verla. Nadie más distinguía a la dama del frío, a la reina de las nieves. Y él estaba tan prendado que un día no soportó la idea de tener que esperar al siguiente invierno para visionarla.

Cuando cayó el último copo, él lo atrapó en su pupila para no perderla nunca de vista; en su sacrificio de amor, renunció a ver todo lo demás.

Publicado en: Cita del artista, Microrrelatos

29/12/2017 by Rocío de Juan 45 comentarios

Oficina de objetos perdidos

—Buenos días.
—Buenos días, señora. ¿En qué puedo ayudarle?
—Verá, estoy buscando algo que olvidé.
—Muy bien, ¿puede decirme cuándo ocurrió?
—La verdad es que no lo recuerdo bien. Fue hace mucho tiempo.
—¿Tiene idea de cuánto tiempo, aunque sea aproximado?
—Yo diría que hace más de diez años.
—Bueno, eso lo va a hacer difícil, pero vamos a intentarlo. ¿Puede describirme lo que perdió y dónde cree que lo extravió?
—Ahora me es imposible recordar el lugar exacto. Fue en una marquesina de autobús y en ese momento había un anuncio de colonia.
—Bueno, bueno. En una marquesina de autobús. ¿Y qué ha extraviado exactamente?
—Verá, ese es el problema. Sé que he olvidado algo importante y que esto ocurrió hace más de diez años, pero soy incapaz de recordar qué es.
—¿No sabe qué ha perdido? ¿Quizá las llaves, el móvil, un paraguas…?
—No, eso no es importante. Eso es prescindible. Creo que olvidé decir algo. Puede que olvidara decir «te quiero» a mi marido. O decir «abrígate bien» a mi hija. Algo así.
—¿Y es ahora cuando quiere solucionarlo?
—Verá, hasta ahora no he podido. Me perdí, ¿sabe usted? Cogí un autobús y no regresé a casa. No volví ese día, tampoco el siguiente. Hubo un momento en que ya no supe cómo volver. Y ahora que lo he averiguado, quiero recordar qué fue lo que hice mal.
—Señora, me temo que no puedo ayudarle.
—¿No puede?
—No, lo que usted busca no se encuentra aquí.
—Entonces, ¿qué debo hacer?
—Yo le sugeriría volver a coger el autobús, en dirección contraria.
—¿Ya está? ¿Eso es todo?
—Sí, señora. A veces, cuando el camino se desanda, se vuelve a recuperar lo perdido.

Publicado en: Microrrelatos, Taller, Tintero

29/12/2017 by Rocío de Juan Deja un comentario

Síndrome de Estocolmo

Durante años estuvo a su servicio: lavando los platos, fregando los suelos, limpiando sus zapatos. Le dolía la espalda y las articulaciones. Pero, aún así, encontró un hueco para trenzar.

Utilizó todas las telas que encontró: los flecos de la alfombra y los jirones de las cortinas; todo bien cortado para que tuviese la misma longitud. Y luego lo fue trenzando hasta hacer unas gruesas lianas que hubieran sostenido a cualquier persona de su tamaño.

Él descubrió las lianas y creyó que ella buscaba escapar. Así que empezó a permitirle usar el jardín. Ella pensó que él, en el fondo, tenía un corazón tan grande como su estatura. Y siguió trenzando hasta fabricar un sombrero de tela que cubriese su calva y así, juntos, salir a pasear al sol.

Publicado en: Cita del artista, Microrrelatos

17/11/2017 by Rocío de Juan 25 comentarios

Mi padre

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MI PADRE

Nunca conocí a mi padre. Era una mención susurrada, un murmullo entre vecinos, miradas fugaces preñadas de lástima. Estoy acostumbrada a que los demás me observen, y a enfrentar sus ojos con valentía, porque sé la verdad. Seguimos en todos los lugares de los que nos hemos ido. 

Y mi padre está aquí, en el salón de la casa, tan presente como la televisión con su tapete de encaje. Ahí, en el busto del ciervo que sobresale de la pared empapelada con flores descoloridas. En las pupilas oscuras, abiertas para siempre gracias al trabajo del taxidermista. Como un insecto en el ámbar, los ojos del animal habían atrapado la imagen borrosa de un hombre, la última visión antes de que él le abatiese. Mi padre falleció horas después, a causa de las heridas provocadas por la cornamenta.

Nunca conocí a mi padre, no recuerdo haberle llamado papá ni que me cogiese en brazos. Pero él está aquí, conozco su silueta de predador y sé que mereció su final. No tendría sentido, si no, que mi madre limpie cada día, con infinito cuidado, el busto del ciervo.

Publicado en: Microrrelatos, Tintero

31/10/2017 by Rocío de Juan Deja un comentario

El retratista



El bocetista no tiene trabajo. Un día, no sabe cómo, ha empezado a experimentar terror a las críticas de sus clientes. «Me has puesto una nariz que no tengo», «mira qué frente, ni que me estuviera quedando calvo». La gente no acepta su realidad y rechaza al bocetista, que ve esfumarse su única fuente de ingresos.

Un amigo le sugiere que trabaje para la policía. «Dedícate a los retratos-robot», le dice, «dibuja lo que otras personas te describan». El bocetista le hace caso y todo parece ir bien. Conecta con los pensamientos de la gente, intuye los rasgos que ellos no saben describir. Se hace conocido y estimado.


Hasta el día en que llega ella, la hija del comandante de la policía. Pelirroja, de su edad. Ojos azules agrandados por el miedo. Ha soñado muchas veces con un hombre que la acosa. Intuye que desea matarla, pero no tiene pruebas. Solo es una figura que se le aparece en la vigilia.


El retratista acoge el nuevo encargo con cierto pánico. Va perfilando con su lápiz los rasgos que ella le describe, y se vislumbra un hombre sin rostro que parece querer salir del papel. Cuando le observa así, una figura al otro lado de un cristal opaco, la huella de sus manos buscando forzar una salida sin conseguirlo, suelta el lápiz. Mira a la chica y le dice, convencido:


-Le he atrapado a tiempo. Ya no puede hacerte daño.

Publicado en: Microrrelatos

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