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04/02/2012 by Rocío de Juan Deja un comentario

Microrrelatos mitológicos



PADRE DEL OLIMPO

Cuando Zeus conoció a la humana número 2.324, de la cual engendró al héroe número 327 de la mitología, empezó a meditar si los dioses no deberían pensar en la planificación familiar.

HERENCIA DE SIRENA

La crearon en una probeta, con genes de Catherine Z. Jones y voz de sirena. Murió aplastada en el escenario por una avalancha de fans, durante su primer concierto.

EDIPO

Mamá, ¿por qué no mandamos a papá al cole y yo me quedo en casa? A mí no me hace falta afeitarme para que me des un beso…

CIRCO

Lo mejor del espectáculo era la pira funeraria; lo peor, que hasta el último momento no sabía si le habían vendido un ave fénix verdadera.

REY MIDAS

Después de doce años convirtiendo todo en oro, el Rey Midas rogó a Dionisos que se compadeciese de él y le permitiese cambiar su petición. Para su sorpresa, éste no puso reparos. Bueno, dijo su amigo, pero sólo por esta vez. Piensa una palabra y será la que sustituya al oro. “Mierda…”, pensó Midas por haber perdido la ocasión de pedir ser relevado para siempre de su don.

MINOTAURO

Fue el gladiador más famoso hasta que un contrincante salió a la arena con un capote rojo.

Publicado en: Microrrelatos

31/01/2012 by Rocío de Juan Deja un comentario

Edén


Los nuevos árboles aparecieron ayer. Eran tan altos que no alcanzábamos a vislumbrar su fin y, al mismo tiempo, esbeltos, de ramas cimbreantes que nos tentaban con sus hojas verde jade. Sabíamos lo que ocurriría si los mordíamos, por eso le dijimos al Payaso que no se acercase. Nos ignoró. Hoy ha aparecido panza arriba y pronto lo sacarán del acuario.

Publicado en: Microrrelatos

06/01/2012 by Rocío de Juan 2 comentarios

Margaritas sobre el asfalto

Ayer por la mañana, el autobús escolar atropelló a Nina Olsen. Era la parada de la calle Viveros de Madrid y solo estábamos mi hermano pequeño Chencho y yo. No me dio tiempo a taparle los ojos, pero tampoco es que lo intentase demasiado: quería acercarme para ver a Nina, compañera de clase y vecina de bloque, y soltaba y agarraba la mano de Chencho a impulsos de la curiosidad y la duda. Finalmente tironeé de él y nos asomamos al corrillo que se había formado.

—El chófer conducía a más velocidad de la permitida —decía una señora en aquel momento.

—Seguro que iba distraído. A la niña se la veía perfectamente —sentenció otra.

—¡Que alguien se lleve a estos niños de aquí! —dijo un tercero, al vernos. Retrocedimos y regresamos a la parada. Desde allí se veía el espectáculo del autobús detenido y una veintena de caras menudas en su interior, aplastadas contra el cristal, intentando atisbar algo. Algunos nos miraron con envidia.La ambulancia llegó poco después y se llevó el cuerpo de Nina Olsen. Sólo se veía su rubio cabello, tan danés, asomando por debajo del plástico con el que la cubrieron. Mandaron a otro conductor de autobús y aquel día llegamos a clase una hora más tarde.

Todos nos preguntaron a Chencho y a mí sobre lo ocurrido. Y tal y como nos habíamos jurado, mantuvimos esta versión de los hechos: Nina Olsen había cruzado justo cuando el autobús llegaba; nadie podría haber frenado a tiempo.

Lo que omitimos contar fue que estaba jugando a saltar al carril del autobús y regresar a la acera, en tiempo de segundos, para probar que los daneses tienen más reflejos que los españoles. Al fin y al cabo, nadie la había obligado a aceptar nuestra apuesta.

Publicado en: Microrrelatos

13/07/2011 by Rocío de Juan Deja un comentario

Cuatro bibliotecas


Cuando terminó de roer todas las cubiertas de color rojo y verde, el ratón daltónico volvió a sentirse un ratón de biblioteca como los demás.

* *

El astronauta se aficcionó a Tolstoi en la biblio-cápsula antigravedad; Anna Karenina era el que le mantenía más cerca del suelo.

* *

La mayor atracción de la biblioteca del aquapark era pescar los libros. Lo segundo, a la sirena bibliotecaria.

* *

Dedicó toda su vida a diseñar la biblioteca que albergaría todos los ejemplares del mundo: la microSD Alejandria, con capacidad para trillones de e-books.

Publicado en: Microrrelatos

09/06/2011 by Rocío de Juan 2 comentarios

Mudanzas


En la última ocasión habían cometido un fallo y el hombre bien afeitado que conducía reconvino a la pareja en cuanto estacionaron en el área de servicio. Viajaban en una furgoneta con el rótulo: “Mudanzas Grupo Gargallo”.

—Otro error y se nos acabará el negocio, ¿entendido?

Se había liado un pitillo y dirigía las caladas hacia el corpulento copiloto, mientras observaba por el retrovisor a la mujer sentada atrás.

—Lo hemos entendido, ¿verdad, Bruce? —respondió ella—. Capito, Humphrey.

—Muy bien. Bruce, compra unos bocadillos.

El gigantón salió de la furgoneta y se alejó con pasos de elefante hacia la cafetería. El conductor habló a la mujer a través del espejo retrovisor.

—Ava, tenemos que dejarle.

Ella no era joven, pero la madurez había retenido parte de su belleza.

—Es mi marido, Héctor. Y tú sabes por qué no puedo abandonarle.

—Te he dicho mil veces que me llames Humphrey.

Ella no pareció impresionarse por su enfado.

—Me parecen ridículos los apodos que inventaste. Son más falsos que nuestro trabajo.

Él sonrió, por primera vez desde que habían aparcado.

—El tuyo me gusta: Ava. Me recuerda a la primera mujer, hecha de barro con aliento divino. Heredó el Paraíso pero se condenó a sufrir.

Hizo una pausa y añadió:

—¿Piensas seguir sufriendo el resto de tu vida?

—No voy a abandonarle… Humphrey —dijo ella, recalcando con ironía el alias—. Sácanos del negocio si quieres. Búscate a otra falsificadora y a otro fortachón.

—Quizá lo haga, sí. Yo no tengo ínfulas de mártir.

Cuando Bruce llegó a la furgoneta, los encontró tan callados que se sintió empujado a hablar:

—Humphrey, Ava, la próxima vez será mejor.

Ella bajó la cabeza, escondiendo la mirada húmeda. Humphrey alumbró otro pitillo, para concederse el patético desquite de escupir humo a su acompañante.

Publicado en: Microrrelatos

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