Verano, cielo, azul, calor, gavillas, heno, promesa, piel, dientes de león, pelusa que la brisa se lleva junto con las palabras de amor.
En el país de mis sueños
En el país de mis sueños,
las jóvenes como tú
regalan besos de espino.
Y tiñen vestidos de novia
con los corazones partidos.
En el país de mis sueños,
serías la reina que quiso
danzar con el carbonero,
y encerró al rey en la torre
después de tiznarlo entero.
En el país de mis sueños,
no hay caballeros felices,
ni princesas inocentes,
no se jura amor eterno,
no se ama hasta la muerte.
Y me gusta soñarlo así,
porque en ese lugar no existes
y puedo, infeliz y reo,
odiar a todas las mujeres,
olvidar cuánto te quiero.
Lo supe
Crédulos
Tres es multitud
Siempre fuimos tres: Esther, tú y yo. Todo el mundo lo supo, ya desde el día de nuestra boda. Cuando me pusiste el anillo en el dedo, me miraron a mí, la novia, sí, pero también a Esther. Al alumbrar a nuestros hijos, ella también recibió las felicitaciones, como si hubiese sufrido los dolores del paritorio. Con el tiempo, consiguió hasta una habitación en nuestro piso. Todo lo he tolerado por nuestro matrimonio.
Pero hasta tu madre está de acuerdo conmigo en esto: o te deshaces de esa cacatúa que pomposamente bautizaste con nombre de mujer o le corto las cuerdas vocales. Yo estaré gorda, pero al menos no tengo unas antiestéticas plumas rojas y verdes.



