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29/01/2016 by Rocío de Juan Deja un comentario

Almeh (relato del sábado 23 de enero al viernes 29 de enero)

Basado en el siguiente reto:

Una historia donde alguien recibe una propuesta de matrimonio.


ALMEH

El joven cruzó siete puentes, trepó a siete murallas y escaló las siete torres de la ciudad de Almeh. Fue en esta última donde encontró, por fin, a su soberana.

Se decía de esta peculiar reina que amaba tanto el saber que vivía enclaustrada con su biblioteca infinita. El joven pudo comprobar, para alimento de las leyendas, que hasta el trono se había fabricado a base de libros. «Al menos», pensó el joven, que no era otro que el heredero del reino lindante, «es hermosa».

-Has cruzado la ciudad entera de Almeh para venir a verme, ¿qué deseas? -le recibió ella.
-Unir nuestros reinos mediante nuestra unión.

No tuvo tiempo el infante de defender su causa; la joven reina le expulsó por «redundancia viciosa» y él se consoló pensando en la chifladura de ella: ¿acaso tenía culpa de que todo estuviese repetido siete veces?

Publicado en: Agenda Creativa 2016, Microrrelatos

24/01/2016 by Rocío de Juan Deja un comentario

Rehén (relato del sábado 16 de enero al viernes 22 de enero)

Publicado con dos días de retraso, pero allá va.

Reto: una historia que comienza en una prisión.

Rehén

Cuando Elena abrió los ojos, supo que no estaba en su dormitorio. Aquella pared era amarilla y no tenía cuadros -ella había escogido con mucho cuidado la tonalidad azul hielo y había colgado dos copias de Klimt-. Además, estaba tumbada en una superficie muy dura, bastante más que su colchón viscoelástico, y no la tapaba ningún cobertor.

Se incorporó con lentitud deliberada. El cuarto era más pequeño de lo que había creído. Casi lo podría calificar de zulo. El flujo de la adrenalina, disparado por el miedo, terminó de espantar su abotargamiento. ¿Por qué estaba allí?

-Buenos días, señora Lennox.
La voz en off resonó por todo el espacio, haciéndole imposible localizar el origen del sonido. Solo un dato le penetró el cerebro. Ese no era su nombre. Era un malentendido. La habían confundido con otra persona. 
– Yo no me llam…
Señora Lennox, no está autorizada a hablar.

La sorpresa la calló. Una sensación hormigueante comenzó a circular por sus brazos y piernas. Comprendió que se estaba estremeciendo de pánico. Se abrazó a sí misma para darse fuerzas.

-Señora Lennox, estas son las reglas. Se le procurará alimentación suficiente tres veces al día, y ropa para cambiarse una vez a la semana, así como un lector digital para su entretenimiento. Este habitáculo comunica con un aseo con ducha. No le está permitido salir bajo ningún concepto ni comunicarse con el exterior. El único momento en que eso sucederá será cuando su hijo, Andy Lennox, gane la partida. Hasta entonces, usted se considera una rehén.
En ese momento, ella parpadeó, comprendiéndolo todo. Andrés, su hijo de ocho años, pidiendo los SIMS Edición 125, al cual te podías conectar con cables y vivir auténticas experiencias virtuales. Había jugado en la casa de sus amigos y quería ser como los demás. Ella se negó. Pero parecía que su hijito había encontrado el modo de traer el juego a casa.
Levantó la mano con timidez, como si estuviera en una clase de parvulario.
-Esta bien, señora Lennox, puede hacer una pregunta.
-¿Qué sucederá si Andr.., si el señor Andy Lennox pierde la partida?

La voz en off tardó en responder, como si sus circuitos no estuviesen preparados para la respuesta.
-SIMS 125 ofrece experiencias virtuales de alto riesgo y emoción. 
No dijo más y Elena volvió a tumbarse en aquella cama, rogando por una vez que su hijo fuese realmente bueno en aquel juego. 

Publicado en: Agenda Creativa 2016, Microrrelatos

15/01/2016 by Rocío de Juan Deja un comentario

Nana del avaro (relato del sábado 9 de enero al viernes 15 de enero)

Reto: Una historia que incluya las siguientes palabras de esta tirada del Rory’s Story Cubes (a tu interpretación). Interpreté: ábaco-Egipto-dormir.





Nana del avaro
Todas las noches se dormía contando la recaudación del quiosco, haciendo torres con las monedas y fajos con los billetes. No se fiaba de esos artefactos que funcionaban con pilas; él prefería usar un ábaco de madera, obsequio de un primo lejano que había estado en Egipto. Las bolas eran de color marfil y, al entrechocarse unas con otras, producían un tintineo casi musical. Su mujer se asomaba, preocupada, cuando veía que daban las dos de la madrugada y él no venía a la habitación. «Te ha hechizado esa cosa», le decía. «Te tiene envidia», le susurraba él a su ábaco, mientras por fin entraba en el reino de Morfeo. Los brazos que habían abarcado las monedas terminaban por caer, flácidos, dejando escapar las monedas que caían, arrullándole, con su tintineo casi musical.

Publicado en: Agenda Creativa 2016, Microrrelatos

08/01/2016 by Rocío de Juan Deja un comentario

En la otra orilla (relato del sábado 2 de enero al viernes 8 de enero)

Reto: Una historia que incluya las palabras marea-laúd-nariz.


En la otra orilla

La portada del álbum mostraba a una cantante de pelo rubio casi blanco, probablemente danesa o islandesa. Podría haber sido guapa si no fuera por su nariz. Dominaba su rostro como una bandera pirata ondeando en el mástil, diciendo: «Ey, aquí estoy. No puedes ignorarme». Las curiosidades de la portada no terminaban ahí. La chica tocaba un instrumento que yo creía desaparecido. Tuve que confirmar en la contraportada que se trataba de un laúd y no de un ukelele, o una guitarra muy pequeña. Sostenía el instrumentos en su regazo y se inclinaba sobre él casi bizqueando los ojos (por efecto de su gran nariz, imagino). Su cabello rubísimo le caía como una cortina sobre unas manos pequeñas que sobresalían de la cazadora vaquera, y pulsaban las cuerdas. La foto estaba tomada en una playa de luz mortecina, la chica sentada en una silla que se hundía en la arena mientras las olas rompían a su espalda. El agua sumergía las botas de la chica por efecto del reflujo de la marea y empapaba el borde de su falda hippie. «En la otra orilla», era el título del álbum.

Creo que estuve contemplando mi buena media hora aquella portada antes de que el dependiente agotase su paciencia y me dijese si iba a comprarlo («Tío, te lo llevas o no»). Sacudí la cabeza, negando, y salí. Una vez fuera contemplé, con tristeza, mi reflejo en el escaparate. El pelo rubio albino estaba alborotado y mi generoso apéndice nasal comenzaba a enrojecer con el frío de enero. La cincha con la que sujetaba el estuche de mi laúd me apretaba después de tantas horas de cargarlo a la espalda. Seguía sin encontrar profesor para aprender a tocarlo, pese a haber recorrido todas las tiendas de discos e instrumentos de la ciudad. Y ahí estaba la última coincidencia, el agua. Se había puesto a llover muy temprano, aunque no tanto como para formar charcos donde mis botas se mojasen como las de ella. Estaba claro: tendría que buscar otras mareas.

Publicado en: Agenda Creativa 2016, Microrrelatos

02/02/2015 by Rocío de Juan 2 comentarios

Caetofobia

Las pinzas de depilar. ¿Dónde me he dejado las pinzas de depilar? Luis, eres un desastre. Ah, aquí están, al lado del ordenador. Tengo que comprar otras para dejar en la cocina.
Cómo no lo pensé antes, que allí también encontraría mi reflejo. En las puertas de cristal de la alacena. En el menaje de acero. En el revés de las cucharas.
Así que lo he visto. Un pelo largo y oscuro que tenía pretensiones de ceja. Fuera con él.
El doctor Ezquerdo dice que tengo un problema. No es verdad. ¿Acaso los hombres no se depilan hoy en día? Los indios ona eliminaban el vello de su cuerpo por completo.
Fuera pelos, fuera, fuera. Esto es agotador. Ya me he decidido: mañana mismo me hago el láser.

Publicado en: Microrrelatos

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