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Rocío de Juan Deja un comentario

Tres es multitud

Siempre fuimos tres: Esther, tú y yo. Todo el mundo lo supo, ya desde el día de nuestra boda. Cuando me pusiste el anillo en el dedo, me miraron a mí, la novia, sí, pero también a Esther. Al alumbrar a nuestros hijos, ella también recibió las felicitaciones, como si hubiese sufrido los dolores del paritorio. Con el tiempo, consiguió hasta una habitación en nuestro piso. Todo lo he tolerado por nuestro matrimonio.

Pero hasta tu madre está de acuerdo conmigo en esto: o te deshaces de esa cacatúa que pomposamente bautizaste con nombre de mujer o le corto las cuerdas vocales. Yo estaré gorda, pero al menos no tengo unas antiestéticas plumas rojas y verdes.

Publicado en: Microrrelatos

Rocío de Juan Deja un comentario

En frío

El hombre terminó de lavar los platos. Se secó las manos en el mandil, lo desanudó y lo dejó caer en la silla. Abrió la nevera y sacó una lata de cerveza. Se dirigió a la salita, donde se apoltronó en el sofá, frente a la tele apagada. Contempló el monitor negro durante unos minutos con la bebida congelada en la mano. Dejó la lata sobre la mesa y buscó el móvil en el bolsillo de su pantalón. Ninguna llamada perdida de ella, ningún mensaje de disculpa por no haber acudido a la cita. Eso había sido hace tres días, pero sólo hoy se había atrevido a tirar la comida a la basura, recoger la mesa y lavar la vajilla. Con los dedos todavía fríos buscó su número y le escribió un mensaje: «Me cansé de esperarte». Luego, encendió la televisión.

Publicado en: Microrrelatos

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Manchas de carmín

Fue un día difícil para Tesa. Los pésames, las marcas de carmín en la mejilla con olor a colonia barata, la diadema que le apretaba la cabeza como si fuese de hierro y el cuello del vestido, tan almidonado que le costaba tragar saliva. Lo peor, sin embargo, fue la ausencia de lágrimas. Su madre le pegó cuando volvieron del funeral por lo que ella llamaba una «insensibilidad» cruel ante la muerte del padre. Pero la paliza no consiguió humedecer sus ojos.

Cuando su madre se fue esa tarde al trabajo, entró en al dormitorio conyugal, abrió el cajón, cogió la cajetilla de tabaco y salió a la calle. Su vecina Ester, de trece años como ella, fumaba dando paseos por la carretera. Aquel día se había pintado los labios de rojo. Tesa avanzó hasta llegar a su altura y le pidió fuego. Luego se quedaron juntas lanzando caladas.

No quiso subir al coche que se detuvo frente a ambas. El conductor era pelirrojo y le recordaba a ya-sabes-quién, le dijo a su vecina. Ester le sonrió con una mueca antes de cerrar la portezuela. Al ver el coche alejándose calle abajo, Tesa sintió un dolor conocido en el pecho y, por fin, dejó escapar el llanto.

Publicado en: Microrrelatos

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Iluminación

Fue un día de finales de enero cuando ella abrió el sobre y leyó su contenido, concibiendo aquella idea. Abrió la puerta y salió, decidida a no darle al remitente la satisfacción de su conformismo. Volvió con una caja de velas y una palmatoria, y arrojó satisfecha a la basura la factura de la luz.

Publicado en: Microrrelatos

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Cuando el otoño se aleja

 

Septiembre llegó y pasó.
Octubre llegó y pasó.
Noviembre llegó y pasó.
Cuando le tocó el turno a Diciembre decidió aceptarle, aunque la dejara fría.

Publicado en: Microrrelatos

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