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28/02/2018 by Rocío de Juan Deja un comentario

En el país de los ciegos

—Te he dicho que no lo traigas.

—¿Cómo lo voy a dejar? —Samuel se quejó—. Mira qué pequeño es, está asustado y solo.

—Es asqueroso. Se lo voy a decir a mamá como se te ocurra meterlo en la mochila. —Irene hizo otro gesto de asco y se apartó del árbol.

—Eres una niña. —Samuel quiso insultar con esa frase a su hermana—. Solo las niñas tienen miedo de los animales.

—Y tú eres un niño —rebatió ella—. Solo a los niños se les ocurre ir recogiendo bichos repugnantes tirados bajo un árbol.

—Está ciego, ¿no te da pena?

—Todos los de su especie están ciegos, tontaina. ¿Te los vas a traer a todos?

—Pero este está despistado. Ha chocado contra el árbol. Debe tener una conmoción cerebral. —El niño tocó con suavidad la cabeza del animal.

—Tú sí que estás mal de la cabeza. Samuel, como se te ocurra traerlo, me chivo.

Su hermano se puso colorado, y luego se enfadó:

—Pues yo le diré a papá que te he visto besar a un chico. —Fue el turno de Irene de sonrojarse.

—Eres una rata miserable, peor que ésa.

Samuel recogió al murciélago y lo introdujo en la mochila.

—Sí —confirmó, y observó a su hermana con una sonrisa ancha—. Y para tu desgracia, «yo» no estoy ciego. ¿Nos vamos a casa?

Publicado en: Microrrelatos, Taller Etiquetado como: microrrelatos

27/02/2018 by Rocío de Juan 2 comentarios

La tentación acecha

La puerta brilla, relumbra. Tiene unos arabescos en su doble hoja que incitan al misterio. Y es verde, al igual que la frondosa vegetación que la ha mantenido oculta todo este tiempo. Sólo posee una inscripción, claramente legible para quien se aproxima: «Prohibido el paso».

No debo hacerlo. No debería empujar la doble hoja, a pesar de que parezca fácil. Pero es difícil resistirse a los dibujos del dintel y del frontal, que prometen el acceso a un mundo de experiencias fantásticas. ¿Y si el letrero original se borró? ¿Y si decía «Prohibido el paso a los gigantes» u otra criatura maligna? Yo soy únicamente una mujer, sola, pacífica y curiosa.

Toco la puerta, presiono ligeramente, y la doble hoja se abre ante mí. Debo hacerme a un lado porque una alfombra rosada se desenrolla. Cuando termina de extenderse, la toco. Es áspera, caliente al tacto. La piso para atravesar el umbral. Al otro lado se percibe un largo túnel oscuro. Miro hacia arriba y veo unas rejas blancas y puntiagudas.

Cuando doy dos pasos más, la alfombra se vuelve a enrollar, empujándome hacia el interior. Oigo un sonido extraño, parece un runrún. Me estremezco.

En mi mundo se dice: «La curiosidad mató al gato»; en este caso, el gato va a terminar con la curiosidad.


Ejercicio con la imagen de una carta del Dixit y con la frase de la jugada.

Publicado en: La posada de los vientos, Microrrelatos, Taller Etiquetado como: microrrelatos

29/12/2017 by Rocío de Juan 5 comentarios

La dama del frío

Él adoraba la nieve, porque era cuando acudía ella. Los copos se arremolinaban en el aire dibujando el contorno de su silueta, los cristales más altos centelleaban para mostrar el diseño de la diadema que ceñía su frente.

Sólo él era capaz de verla. Nadie más distinguía a la dama del frío, a la reina de las nieves. Y él estaba tan prendado que un día no soportó la idea de tener que esperar al siguiente invierno para visionarla.

Cuando cayó el último copo, él lo atrapó en su pupila para no perderla nunca de vista; en su sacrificio de amor, renunció a ver todo lo demás.

Publicado en: Cita del artista, Microrrelatos

29/12/2017 by Rocío de Juan 45 comentarios

Oficina de objetos perdidos

—Buenos días.
—Buenos días, señora. ¿En qué puedo ayudarle?
—Verá, estoy buscando algo que olvidé.
—Muy bien, ¿puede decirme cuándo ocurrió?
—La verdad es que no lo recuerdo bien. Fue hace mucho tiempo.
—¿Tiene idea de cuánto tiempo, aunque sea aproximado?
—Yo diría que hace más de diez años.
—Bueno, eso lo va a hacer difícil, pero vamos a intentarlo. ¿Puede describirme lo que perdió y dónde cree que lo extravió?
—Ahora me es imposible recordar el lugar exacto. Fue en una marquesina de autobús y en ese momento había un anuncio de colonia.
—Bueno, bueno. En una marquesina de autobús. ¿Y qué ha extraviado exactamente?
—Verá, ese es el problema. Sé que he olvidado algo importante y que esto ocurrió hace más de diez años, pero soy incapaz de recordar qué es.
—¿No sabe qué ha perdido? ¿Quizá las llaves, el móvil, un paraguas…?
—No, eso no es importante. Eso es prescindible. Creo que olvidé decir algo. Puede que olvidara decir «te quiero» a mi marido. O decir «abrígate bien» a mi hija. Algo así.
—¿Y es ahora cuando quiere solucionarlo?
—Verá, hasta ahora no he podido. Me perdí, ¿sabe usted? Cogí un autobús y no regresé a casa. No volví ese día, tampoco el siguiente. Hubo un momento en que ya no supe cómo volver. Y ahora que lo he averiguado, quiero recordar qué fue lo que hice mal.
—Señora, me temo que no puedo ayudarle.
—¿No puede?
—No, lo que usted busca no se encuentra aquí.
—Entonces, ¿qué debo hacer?
—Yo le sugeriría volver a coger el autobús, en dirección contraria.
—¿Ya está? ¿Eso es todo?
—Sí, señora. A veces, cuando el camino se desanda, se vuelve a recuperar lo perdido.

Publicado en: Microrrelatos, Taller, Tintero

29/12/2017 by Rocío de Juan Deja un comentario

Síndrome de Estocolmo

Durante años estuvo a su servicio: lavando los platos, fregando los suelos, limpiando sus zapatos. Le dolía la espalda y las articulaciones. Pero, aún así, encontró un hueco para trenzar.

Utilizó todas las telas que encontró: los flecos de la alfombra y los jirones de las cortinas; todo bien cortado para que tuviese la misma longitud. Y luego lo fue trenzando hasta hacer unas gruesas lianas que hubieran sostenido a cualquier persona de su tamaño.

Él descubrió las lianas y creyó que ella buscaba escapar. Así que empezó a permitirle usar el jardín. Ella pensó que él, en el fondo, tenía un corazón tan grande como su estatura. Y siguió trenzando hasta fabricar un sombrero de tela que cubriese su calva y así, juntos, salir a pasear al sol.

Publicado en: Cita del artista, Microrrelatos

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